27.7.19

Shanghái y Ningbo, unidas por el segundo puente más largo del mundo

Hay una ligera niebla que no permite, a ratos, tomar fotos nítidas. Pero la fría brisa la disipa para mostrar la inmensidad azul del mar de China oriental ante los ojos de los viajeros que hacen una parada en lo que se denomina “isleta de servicios” del puente que atraviesa la bahía de Hangzhou, en la costa este de ese país asiático. 




Es el segundo puente más largo del mundo sobre el mar; y une la municipalidad de Shanghái con la ciudad puerto de Ningbo, en la provincia de Zhejiang.
Esa “isleta de servicios” no es otra cosa que una suerte de centro comercial de tres pisos que se apoya sobre un malecón, en el que hay locales de souveniers, golosinas, tecnología, restaurantes de comida tradicional china, y servicios higiénicos. Está ubicada en pleno centro del gigantesco puente y, desde ahí, los turistas se toman selfies rodeados de agua y más agua. Y agua por todos lados.



La obra empezó a construirse en el 2003 y se inauguró en el 2008. Mide 35,6 kilómetros con seis carriles (tres por sentido). Está elevado por 600 pilotes de 60 metros de alto. 
Sus mentalizadores han dicho que la impresionante estructura durará 100 años.
Antes de su construcción, el viaje duraba seis horas; ahora solo son tres. Tres horas en las que solo se contempla agua y más agua.
El puente, que demandó una inversión de más de $ 1.680 millones, acortó en más de 320 kilómetros la distancia entre Shanghái y Ningbo. 
Ciudades ubicadas de extremo a extremo con contrastes muy marcados pero con algo en común: su atractivo para el viajero ávido de emociones. 




Las luces de Shanghái 

De un lado, las luces de Shanghái. La noche anterior a cubrir ese trayecto, las luces de Shanghái  deslumbran a los turistas. Frente a lo que se conoce como el Bund (Malecón), que es un paseo peatonal de dos kilómetros junto al río Huangpu, es posible observar la zona de negocios llamada Pudong, donde están todos los rascacielos iluminados, coloridos. 
Sobresalen el Shanghái  World Financial Center, uno de los rascacielos más altos del mundo con más de 490 metros, y la Torre de la Televisión Perla de Oriente, símbolo de Shanghái y el edificio favorito para las selfies. 
En los alrededores del Bund, que fue en los años 20 el primer centro de negocios de la ciudad, están algunas edificaciones antiguas como la Aduana o el Banco de China. Y hasta una réplica del Toro del Wall Street gringo. 
Aquí hay restaurantes y bares exclusivos a los que solo se accede con reservas hechas con semanas de antelación. 
Unas pocas calles antes hay varios centros comerciales con tiendas que en Ecuador se consideran exclusivas pero en Shanghái  son casi que bazares de barrio, como Nike, Adidas, Swarosky y más. Pero también hay espacio para locales de comida tradicional, dulces y artesanías. Lo que sí no encontrará en abundancia son las jugueterías o las tiendas de ropa infantil (porque hasta hace pocos años las políticas de control de natalidad prohibían a los chinos tener más de un hijo). 
La ciudad no duerme. Ni el frío de 12 grados centigrados o menos ahuyenta a la gente. Las brillantes luces se extinguen muy entrada la madrugada.

La ciudad floral







Del otro, la Ningbo florida. 
Flores rosadas y amarillas alegran las calles amplias y limpias de Ningbo. En esta ciudad, donde hay unos 8 millones de habitantes, la vida parece transcurrir con más calma que la de su vecina del otro extremo del puente. Pero eso no significa que sea aburrida. 
De día, el viajero puede fotografiarse con las esculturas de porcinos que pueden hallarse en algunos parques. Recuerde que este es el Año del Cerdo, según el calendario chino. 





O visitar el museo de la ciudad, en el que hay exposiciones permanentes sobre su historia siempre vinculada al mar, sus costumbres y su arte en bambú. 
También puede hacer compras en plazoletas comerciales en las que están las mismas tiendas de Shanghái. Pero con mejores ofertas: con 80 dólares se consigue un par de zapatos Nike, y con 30 o menos puede llevar souveniers para todos sus compañeros de la oficina. 
Pero no insista en buscar jugueterías en esos sitios. Ni tampoco niños. A lo sumo hallará unas dos docenas en horas de gran afluencia de gente (en Ecuador habría cientos de ellos, de todos los tamaños).



Al caer la noche, se puede llegar al Old Bund (Viejo Malecón), zona ubicada al norte del río Yong que fue tomada y ocupada por los británicos durante la Primera Guerra del Opio en 1820, reseñan las guías turísticas. 
Aquí abundan los pubs, bares, restaurantes  de comida china y fusión e internacional, donde se divierten, todos juntos, turistas, viajeros de negocios y residentes chinos o extranjeros. Hasta locales montados por latinos es posible hallar en medio de las calles empedradas. En esos sitios retumba la música en español.


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