17.12.18

Shenzhen, el Silicon Valley de China que atrajo a ecuatorianos


Con una boina y una mochila, Oswaldo Loor se desplaza por las calles del centro financiero de  Shenzhen. Saluda con un conocido que se encuentran al pasar por una cafetería frente al Ping An Finance Center, el rascacielos de 115 pisos que destaca en esta metrópoli de 12 millones de habitantes.




Es una mañana de fines de noviembre, algo soleada, pero con una brisa que golpea suavemente.

Loor llegó a esta urbe del sur de China hace seis años como empleado de una compañía importadora. La ciudad lo atrapó, quedó impresionado por su modernidad y oportunidades de negocio. Y no dudó en iniciar una nueva etapa laboral allí, pese a que al principio no sabía nada del idioma.

Desde esta ciudad comercializa drones para el sector agrícola. Drones que se manufacturan allí. Tiene contactos en Ecuador y otros países andinos para vender este producto. “Shenzhen es innovación, una ciudad amigable, abierta”, asegura Loor, cerca de una calle rodeada de locales y tiendas de marcas de lujo, que uno podría pensar que transita por Manhatan, en Nueva York.

Este manabita, que vivió más de dos décadas en Guayaquil antes de viajar a Asia, es parte de unos 20 ecuatorianos que residen en esta ciudad conocida como el Silicon Valley de China, por ser hogar  de empresas tecnológicas y start ups (compañías en formación).





Los ecuatorianos no necesitan tener visa para entrar a ella, pero sí entre 1.500 y 2.500 dólares, dependiendo de las conexiones, para costearse el largo viaje. Los compatriotas que viven en Shenzhen o sus alrededores laboran para empresas importadoras.

El gigante telefónico Huawei, Tencent (creador de Wechat), DJI, fabricante de drones, así como BYD, que maneja divisiones de autos, paneles solares, soluciones de monorriel, tienen fábricas e institutos investigativos en la ciudad.
Hace 30 años, Shenzhen era una pequeña ciudad de pescadores con 30.000 habitantes. Su nuevo rostro tecnológico surgió como una respuesta al crecimiento de la vecina Hong Kong, que para entonces se manejaba aún como colonia inglesa. De hecho, Shenzhen hace frontera con Hong Kong, con un sistema de tren que las une en unos 45 minutos.
Si bien en Shenzhen, como en toda China, no hay acceso a herramientas como Google, Instagram, Facebook o Twitter, es una ciudad muy conectada, a su manera.  Los chinos usan Wechat, una especie de WhatsApp que reúne múltiples servicios.







Jonathan Ríos, un peruano que trabaja para una multinacional china que tiene negocios en Ecuador, sostiene que esa herramienta incluso  permite hacer compras y pagos en las tiendas y buses.
Así, las redes sociales occidentales, bloqueadas en China, parecen no ser necesarias para resolver la cotidianidad de los habitantes chinos.







Transporte eléctrico


En esta megaciudad, dividida en siete distritos, se marca la hoja de ruta que están siguiendo otras localidades chinas. La movibilidad eléctrica es una de las áreas en las que Shenzhen lleva la delantera. Casi todos los carros del servicio público son eléctricos. Los 16.000 buses que circulan por las calles se mueven a baterías y el 75% de sus taxis responden a esta tecnología. “Acá casi todo es eléctrico, uno ve un transporte silencioso, no contaminante”, sostiene Loor.

No es un asunto improvisado. En esta ciudad se lleva hablando de electromovilidad hace más de cinco años como parte de una agenda pública. En el 2015 lanzaron incentivos para la adopción de la tecnología eléctrica.





Xio Haiping, ejecutivo de relaciones públicas del fabricante BYD, señala que al principio hubo desafíos y asuntos que superar con las nuevas tecnologías, como por ejemplo, la inquietud que surgió por la duración de las baterías de los carros eléctricos. Pero eso, señala, ha sido superado y hoy la movilidad eléctrica es parte del día a día de Shenzhen. Son ideas que las están exportando. De esta ciudad salió el prototipo de bus eléctrico que usará una compañía de Guayaquil a partir del 2019.

Siempre innovando

Otro profesional chino dice que cada día en Shenzhen se piensa en la innovación en diferentes áreas. “Uno puede irse de Shenzhen un año y al  

Otro profesional chino dice que cada día en Shenzhen se piensa en la innovación en diferentes áreas. “Uno puede irse de Shenzhen un año y al  regreso encontrarse con algo distinto, un rascacielo nuevo, carros más tecnológicos”, dice.
Hoy en la ciudad se producen autos de nueva generación capaces de ser controlados desde un pequeño dispositivo, sin que el conductor esté en el habitáculo. Dan marcha atrás o van hacia adelante con un solo clic.  Los chinos han salido a la caza de diseñadores que trabajaron en automotrices como Audi y BMW para dar riendas a nuevas creaciones, pero bajo el sello asiático.


Lo nuevo en esta ciudad, donde lo tecnológico aporta con el 40% de su economía, es el Skyrail, un sistema de monorriel eléctrico, que comenzó a probarse como medio de transporte para el desplazamiento de los trabajadores de una empresa automotriz.  Puede alcanzar una velocidad máxima de 80 km por  hora.  Este sistema de transporte se ideó para levantarse sobre calles y para construirse en menos tiempo que los sistemas tradicionales. Y como todo o casi todo lo que funciona en  Shenzhen se replica en otras ciudades chinas, este sistema se construirá en otra urbe y se lo espera hacer en otras parte del mundo.


Vaya con muchos dólares
Como suele ocurrir en metrólopis en expansión, Shenzhen es una ciudad con distritos costosos, donde el metro cuadro de un departamento puede superar los 5.000 dólares. Pero Loor señala que para pasear o comer uno puede hallar opciones menos onerosas. Shenzhen acoge restaurantes de cadenas rápidas que se han globalizado. “Uno puede encontrar almuerzos económicos entre 5 y 10 dólares, dependiendo del lugar”, dice.



La huella visible de la tecnología de Shenzhen está en una amplia avenida conocida como Huaqiangbei. Allí hay edificios y enormes superficies dedicadas a las ventas tecnológicas, minoristas o mayoristas. De invención propia y también copias.  Se venden desde tarjetas de memoria hasta pequeños robots que sirven para labores escolares. Un robot puede costar desde los 300 dólares. Las partes de piezas de celulares y de equipos electrónicos abundan. Como una muestra de la importante cadena de suministro de componentes electrónicos que tiene la urbe.
Años atrás, Shenzhen era un mercado donde había un 90% de imitaciones y un 10% de innovación. Hoy, hay expertos que indican que el 70% proviene de la innovación y 30% de copias.



Quienes viven en Shenzhen hablan de que esta ciudad con un matiz capitalista aún no lo ha dado todo y que en un corto periodo no solo se codeará, sino que desplazará a otras ciudades tecnológicas e innovadoras.

*Este texto lo escribí para La Revista de El Universo de Ecuador

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